
Le dije que estaría poco tiempo, esperó, lloró, me miró y se marchó.
Volvió y me agarro la mano.
Entonces, entonces sudó.
Sudó como sudan los extraños de cuerpo, sin hacer mucho esfuerzo, disfrutando el momento.
Sudó y volvió hacia mi.
Sudamos, nos besamos, nos abrazamos, lloramos, se rió.
Y empezó a sudar de nuevo. Parecía que hiciera el amor. Parecía que se entregara con toda el alma. Pero no tenía alma.
Las almas esperan, esperan uno o mil años, esperan re encarnar, esperan regresar y esperan, simplemente esperan.
Él, el no tenía alma y aún así supo como salir, cerrar y no volver atrás.
// by Ángela Arteaga





